ECONOMIA EN ESTADOS UNIDOS
¿ESTÁ EN RIESGO?Repercusiones de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán
Texto: Project Syndicate
Imagen Portada: FreePix
FILADELFIA – Durante años, la economía estadounidense ha sido la envidia tanto de los países desarrollados como de los países en desarrollo. Estados Unidos, un país dinámico, productivo y con una fuerte inversión en los motores de la prosperidad futura, ha logrado sistemáticamente un crecimiento más sólido que la mayor parte del resto del mundo –y no por un margen menor-. Sin embargo, a medida que se materializan las repercusiones de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, los temores sobre las perspectivas de la economía estadounidense se están volviendo cada vez más evidentes.
El historial económico reciente de Estados Unidos habla por sí solo. Si bien la economía estadounidense se contrajo drásticamente durante la Gran Recesión que siguió a la crisis financiera global de 2008, registró, de todos modos, un crecimiento promedio anual del PIB del 1,48% entre 2007 y 2020, frente a solo el 0,59% de la eurozona, según datos del Fondo Monetario Internacional. La pandemia del COVID-19 provocó otra alteración, pero no descarriló la economía estadounidense durante mucho tiempo: una recuperación sólida dio como resultado un crecimiento promedio del 3,27% en 2021-2025, superando de nuevo a la eurozona (2,63%).
Una mayor productividad, un amplio capital de riesgo, un espíritu emprendedor dinámico y, hasta hace poco, una mano de obra en expansión fueron los principales motores de este crecimiento, que se ha visto impulsado en los últimos dos años por inversiones masivas en IA. Asimismo, los sucesivos gobiernos han implementado importantes medidas de estímulo fiscal, a pesar de que, dado el bajo nivel de desempleo, cabría esperar que mantuvieran presupuestos prácticamente equilibrados y limitaran el aumento de la deuda pública.
Ahora bien, podrían estar surgiendo obstáculos para el crecimiento. El Departamento de Comercio de Estados Unidos recientemente ha reducido a la mitad su estimación de crecimiento para el cuarto trimestre de 2025, pasando del 1,4% a apenas el 0,7%. Hoy, el sector de los hogares y el de las empresas se enfrentan a las consecuencias de la guerra con Irán, incluido el aumento de los costos energéticos y de endeudamiento, que amenazan con exacerbar las fragilidades financieras existentes y generar otras nuevas.
Sin duda, Estados Unidos se encuentra en una posición más sólida para capear estos impactos que la mayoría de las demás economías, en particular las de Asia y Europa. Gracias a su independencia energética, evita el espectro de la escasez de suministro que ahora se cierne sobre Asia y partes de Europa. La economía estadounidense también está menos expuesta a la fragmentación acelerada del comercio global, la inversión y los sistemas de pago.
Por otra parte, mientras que muchos países se enfrentan a graves restricciones fiscales, Estados Unidos ya tiene en marcha un nuevo paquete de medidas de estímulo presupuestario, gracias a la ley “One Big Beautiful Bill” del presidente Donald Trump. Y, si bien la Reserva Federal de Estados Unidos podría ralentizar su política de recortes de las tasas de interés, es posible que se muestre menos dispuesta que el Banco Central Europeo o el Banco de Inglaterra a subirlas, ya que su “doble mandato” lo obliga a dar tanta importancia al empleo como a la estabilidad de precios.
A esto se suma la agilidad del sector privado estadounidense, que tradicionalmente ha sabido adaptarse a las condiciones cambiantes con una rapidez impresionante, desempeñando tanto la defensa como el ataque mejor que casi nadie. La empresa estadounidense mediana entra en este período de gran incertidumbre con un balance relativamente sólido. También existe un claro incentivo para reestructurarse rápidamente a fin de aprovechar el potencial de la IA y otras innovaciones tecnológicas prometedoras.
Pero incluso si la economía estadounidense sigue superando a sus pares, no por ello quedará necesariamente al margen de los efectos adversos de la guerra. Ya de por sí, el aumento de los costos energéticos y de endeudamiento está agravando las presiones sobre la capacidad de pago a las que se enfrentan muchos estadounidenses, lo que genera riesgos a la baja para el empleo y el consumo, y aumenta la probabilidad de una desaceleración del crecimiento.
Estados Unidos entró en la guerra con Irán en medio de una inflación persistente –llevamos ya seis años consecutivos en los que la Fed no cumple con su meta del 2%-. Ahora, el aumento de los precios de la energía está a punto de provocar subidas de precios más generalizadas. Lo que comenzó como un repunte en las gasolineras -los precios de la gasolina subieron un 30% y los del diésel un 40% en las tres primeras semanas de la guerra-, pronto se traducirá en un aumento de los costos de una amplia gama de productos, desde semiconductores y fertilizantes hasta billetes de avión.
Con el tiempo, las presiones inflacionarias podrían extenderse aún más, a medida que las empresas intenten trasladar el aumento de los costos de los insumos a los consumidores. A medida que se intensifiquen las presiones sobre el costo de vida, el impacto social negativo de la economía en forma de K de Estados Unidos -caracterizada por una elevada desigualdad en cuanto a riqueza y oportunidades- no hará más que crecer.
Más allá de la inflación, el riesgo de inestabilidad financiera va en aumento. Ya estamos observando señales de inquietud en el crédito privado: fondos que limitan las extracciones de fondos, pérdidas parciales de financiación bancaria y crecientes preocupaciones respecto de las prácticas de suscripción y valoración deficientes de algunos fondos. El apalancamiento en determinados segmentos del mercado global de bonos es motivo de preocupación, especialmente en medio de la ola actual de ventas, al igual que los flujos financieros excesivos impulsados por el entusiasmo frente a la IA y las actividades relacionadas con ella durante el último año.
Ninguno de estos riesgos parece suponer por sí solo una amenaza sistémica. Pero en un contexto de estanflación, caracterizado por una elevada inflación y un menor crecimiento, podrían combinarse, alimentando una dinámica que endurezca significativamente las condiciones financieras y ponga de manifiesto las vulnerabilidades de las economías estadounidense y global.
Lo último que necesita la Fed es verse obligada a entrar en modo de gestión de crisis. No solo se enfrenta a una transición de liderazgo inusualmente accidentada, en medio de amenazas políticas a su independencia, sino que su posición también se ha visto socavada por una serie de errores de previsión, una comunicación deficiente, desviaciones de la política monetaria y una prolongada falta de acción a la hora de llevar a cabo las reformas operativas necesarias. Estas no son precisamente las condiciones ideales para tomar decisiones complejas sobre las tasas de interés o responder a las alteraciones del mercado.
Mientras gran parte del mundo se prepara para las consecuencias de la guerra con Irán, Estados Unidos podría verse tentado a hacer alarde de sus ventajas económicas relativas, entre las que se destaca su independencia energética. Pero lo que es cierto en términos relativos no lo es necesariamente en términos absolutos, y lo que ya es cierto en términos absolutos en Estados Unidos hoy en día pone en grave peligro a los sectores más vulnerables de la población. En este contexto, lo que Estados Unidos necesita de los responsables de las políticas no es arrogancia, sino humildad y medidas decisivas destinadas a proteger a quienes más lo necesitan.
Articulista

Mohamed A. El-Erian
Ex Presidente del Queens’ College de la Universidad de Cambridge, es profesor de práctica en la Escuela Wharton de la Universidad de Pensilvania, donde también es investigador sénior global en el Instituto Lauder. Es asesor económico jefe de Allianz, presidente de Gramercy Funds, autor de The Only Game in Town: Central Banks, Instability, and Avoiding the Next Collapse (Random House, 2016) y coautor (junto con Gordon Brown, Michael Spence y Reid Lidow) de Permacrisis: A Plan to Fix a Fractured World (Simon & Schuster, 2023).
Fuente:
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