Máximos Históricos

ORO Y ACCIONES TECNOLÓGICAS

ALZA SIMULTÁNEA

Texto: Joseph H. Davis – Project Syndicate
Imágenes: Foto Articulista (Project Syndicate), Portada (Pixabay)

 

¿Qué podemos concluir del reciente aumento simultáneo del precio del oro y de las acciones estadounidenses a máximos históricos, especialmente los índices tecnológicos? Tradicionalmente, el oro sube cuando las acciones corrigen; pero esta vez, ambos han subido a la vez, desafiando la lógica convencional. Ante lo que parecen ser precios cada vez más inflados, analistas y comentaristas se preguntan cuál de los dos activos está más sobrevalorado.

Pero dejando a un lado las consideraciones a corto plazo, el alza simultánea del oro y de las acciones tecnológicas relacionadas con la IA podría indicar algo más profundo, abriendo una ventana a nuestro futuro económico y revelando algo que los economistas, los responsables de las políticas y los inversores no deberían ignorar. La perspectiva predominante -un crecimiento sostenido del PIB en torno al 2% anual, con una tasa de inflación que se acerca al 2%, según las previsiones de la Reserva Federal y otros organismos- no coincide con un ascenso simultáneo del oro y de las acciones. Por el contrario, el mercado empieza a contemplar un futuro más complejo.

Como demuestro en mi libro Coming Into View: How AI and Other Megatrends Will Shape Your Investments (Viendo el panorama: cómo la IA y otras megatendencias forjarán sus inversiones), las probabilidades de resultados inesperados para la economía estadounidense superan el 80% en los próximos cinco años. Esta alta probabilidad refleja el creciente tira y afloja entre el potencial transformador de la IA y el lastre estructural de los crecientes déficits fiscales. Mi investigación, basada en 130 años de nuevos datos, apunta a un diagnóstico económico bifurcado (que concuerda con el alza tanto del oro como de las acciones estadounidenses). No solo surgen dos escenarios posibles, sino que ninguno coincide con las expectativas de la mayoría de los economistas.

El escenario más probable es un escenario de “IA victoriosa, en el que la tecnología basada en la IA se convierte en una fuerza de uso general similar a la computadora personal o a Internet, impulsando el crecimiento real (ajustado por inflación) del PIB por encima del 3% para 2030, y haciendo subir las ganancias corporativas. El mercado de renta variable estadounidense anticipa cada vez más este futuro, y muchos inversores temen perder lo que podría ser una oportunidad única en una generación.

Alternativamente, en un escenario más pesimista de “predominio de los déficits”, la IA no cumple con las expectativas y el peso de los desequilibrios fiscales –exacerbados por el envejecimiento de la sociedad y las tensiones geopolíticas– mantiene altas las tasas de interés y frena el crecimiento. Debido a su papel histórico como reserva de valor en tiempos de crisis monetaria, muchos ven al oro como una protección para un futuro en el que el excepcionalismo económico de Estados Unidos se debilita.

Si las perspectivas económicas son tan bifurcadas como sugiero, ¿cómo deberían posicionarse los inversores para los próximos años, dada la tensión entre el optimismo impulsado por la productividad y la cautela derivada de la deuda? ¿Sería una combinación de oro y acciones tecnológicas estadounidenses la mejor manera de equilibrar estos riesgos en los próximos 3 a 5 años? Mi investigación indica que no. En cambio, si empezamos a considerar la segunda mitad del panorama, encontramos oportunidades de inversión más atractivas.

Si la IA sigue transformando la economía (como en el escenario de éxito de la IA), los inversores podrían considerar asignar una mayor parte de sus tenencias de acciones fuera de Silicon Valley. En todos los ciclos tecnológicos, las empresas que producen la nueva tecnología obtienen inicialmente un rendimiento superior (a veces de forma extraordinaria o incluso “irracional”); pero a medida que la tecnología se extiende, son las empresas no tecnológicas las que se benefician.

Eso fue lo que ocurrió con los fabricantes y las empresas de servicios durante la era de la electricidad. Del mismo modo, en la era de la IA, las empresas de salud o financieras podrían albergar el mayor potencial transformador, lo que implicaría un cambio en el rendimiento superior de las acciones, y los mejores rendimientos pasarían de los valores tecnológicos a otros sectores. Mi investigación revela que gran parte de la prima de valor se manifiesta durante la difusión de tecnologías de uso general.

El escenario más pesimista también presenta una dinámica infravalorada: el oro podría no ser la inversión óptima que muchos creen. Nuestro análisis muestra que, muy probablemente, la Reserva Federal se esforzará por mantener a raya la inflación. Como a mediados de los años 1980, las tasas de interés a corto plazo más altas ayudarán a compensar (al menos en parte) la decepción de un mercado bursátil débil. En este contexto, el oro tendría un rendimiento inferior. Incluso si la IA no cumple con las expectativas, el mandato de la Reserva Federal de combatir la inflación es el talón de Aquiles para los compradores de oro, pero una ventaja para los inversores en bonos en un entorno de inversión por lo demás difícil. En este caso, nuevamente, las acciones no estadounidenses y no tecnológicas podrían mitigar parte del impacto.

En mecánica cuántica, existe un concepto conocido como superposición: un estado en el que un objeto puede existir en múltiples lugares simultáneamente. Nuestro futuro económico sigue un patrón similar. La correlación entre el precio del oro y el de las acciones parece desafiar la lógica convencional, pero eso se debe a que las perspectivas económicas también son atípicas. Es fácil desestimar este doble aumento, dada la aparente euforia y el impulso que se observan hoy en los mercados financieros. Sin embargo, esto envía una señal a la que economistas, responsables de las políticas e inversores deberían prestar atención: de un modo u otro, se avecina un cambio económico estructural.

 

Joseph H. Davis

Articulista
Joseph H. Davis
Es economista jefe global de Vanguard y director global del Investment Strategy Group.

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