ARGENTINA
Hacia el éxito económico
Texto: Nouriel Roubini – Project Syndicate
Imágenes: Project Syndicate (Autor) , Gerd Altmann (Portada) Pixabay
NUEVA YORK – En vísperas de las elecciones legislativas de este mes en Argentina, los comentarios sobre las perspectivas económicas y financieras del país eran cada vez más pesimistas. Con un importante volumen de deuda externa que vence el año próximo, la opinión generalizada era que el programa de estabilización basado en el tipo de cambio -que permite que la moneda se deprecie menos que la tasa de inflación para reducir esta última- había provocado una sobrevaloración masiva de la moneda y un déficit externo que inevitablemente precipitaría una crisis. Pero, tras haber escrito un libro sobre las crisis monetarias en los mercados emergentes y haber seguido de cerca las políticas argentinas, pensé que este consenso estaba muy lejos de la realidad.
Rompiendo con el patrón de episodios fallidos de estabilización económica del pasado -incluidos los de anteriores gobiernos argentinos como los de Carlos Saúl Menem (1989-99) y Mauricio Macri (2015-19)-, el presidente argentino, Javier Milei, aprovechó su victoria electoral de 2023 para aplicar las políticas de austeridad fiscal y reforma estructural más estrictas de la historia del país. En 2024, el ajuste fiscal primario (excluidos los pagos de intereses) ascendió al 5% del PIB, lo que sentó las bases para una fuerte recuperación económica tras un ligero descenso inicial.
En ese momento, el peso argentino podía estar ligeramente sobrevalorado, dada la falta de un régimen monetario totalmente flexible, pero al menos el déficit de cuenta corriente era muy reducido. Si el país recuperaba el acceso a los mercados, podría refinanciar su inminente deuda externa; y si se superaban las incertidumbres electorales, las reformas de Milei y los enormes recursos naturales del país atraerían sin duda grandes cantidades de inversión extranjera directa (IED), posiblemente hasta 70.000 millones de dólares (incluida la financiación de un centro de datos OpenAI de 25.000 millones de dólares ). Asimismo, la tasa de inflación ya había descendido drásticamente desde más del 100% antes de la elección de Milei hasta alrededor del 30%.
Por lo tanto, de cara a las recientes elecciones legislativas, el problema de Argentina era de liquidez, no de solvencia. Las incertidumbres electorales pesaban sobre el crecimiento este año – especialmente después de que la oposición peronista obtuviera mejores resultados de lo esperado en las elecciones provinciales de Buenos Aires en septiembre-, lo que provocó el nerviosismo de los inversores. Tras un par de escándalos de corrupción y errores tácticos por parte de Milei, el peso se había debilitado, a pesar de las intervenciones para mantener el tipo de cambio dentro de una banda establecida. Las tasas de interés nacionales se dispararon, el diferencial soberano de Argentina aumentó significativamente y el mercado bursátil se debilitó. Si los peronistas conseguían suficientes escaños para ejercer un veto efectivo, todo el programa de reformas de Milei podría desmoronarse.
Pero como el problema de Argentina era meramente de liquidez, Milei solicitó y obtuvo una controvertida línea swap de 20.000 millones de dólares del Tesoro de Estados Unidos, cuyo apoyo estaba condicionado a que ganara las elecciones. Al final, Milei y los partidos aliados triunfaron, obteniendo escaños en ambas cámaras. Al centrarse tanto en la incertidumbre electoral, los vínculos políticos de Milei con el presidente estadounidense, Donald Trump, y un tipo de cambio sobrevalorado, los comentaristas financieros habían ignorado la promesa de sus radicales reformas fiscales y de otro tipo.
Ahora, por primera vez en mucho tiempo, Argentina puede escapar de las políticas que la han llevado repetidamente al impago de la deuda y a una inflación elevada. Después de que la última administración peronista llevará al país al borde de una espiral inflacionaria y de otro impago, Milei empezó a limpiar el desastre con una eficiencia implacable. Aunque muchos han criticado su enfoque draconiano, los resultados de las elecciones de octubre demuestran que el pueblo argentino prefiere el dolor económico a corto plazo al retorno de las políticas peronistas.
Milei se pondrá ahora en contacto con otras fuerzas moderadas para formar una coalición que pueda continuar su programa por la vía legislativa, en lugar de decretos, empezando por las reformas del mercado laboral y fiscales. Una mayor liberalización económica atraerá entonces una oleada de inversiones nacionales y extranjeras, lo que garantizará un fuerte crecimiento económico en el futuro. Si bien ningún paquete de medidas económicas es perfecto, el enfoque general de Milei es sólido, especialmente si se compara con las políticas fallidas del pasado.
Es cierto, el régimen cambiario tendrá que flexibilizarse con el tiempo. Pero las propuestas de un giro inmediato a un tipo de cambio totalmente flotante o (en el otro extremo) a la plena dolarización no tienen sentido. La primera podría provocar una volatilidad excesiva del tipo de cambio, especialmente una vez que se eliminen por completo los controles de capital, mientras que la segunda -respaldada por importantes medios de comunicación como el Wall Street Journal- ni siquiera es viable, ya que Argentina no cuenta con suficientes reservas de divisas. Milei, un libertario declarado, puede haber coqueteado con la dolarización total en el pasado, pero ahora reconoce que, en verdad, no es una opción.
La mejor opción es un régimen monetario que permita fluctuaciones dentro de una banda amplia, quizá con objetivos basados en el tipo de cambio efectivo nominal junto con algún agregado monetario para afianzar el crecimiento. Eso limitaría la volatilidad y, al mismo tiempo, garantizaría que el valor de la moneda sea competitivo y que la balanza externa sea positiva. Los flujos de capital que regresan y la nueva IED podrían utilizarse para reponer las reservas de divisas menguantes del país, a fin de evitar que provoquen una apreciación indeseada de la moneda.
La reacción del mercado a las elecciones de octubre confirma que los inversores están de acuerdo con la estrategia de Milei. El pánico previo al día de las elecciones no tenía que ver con él, sino con la perspectiva de un regreso del peronismo. Una vez superada la reciente incertidumbre electoral, Argentina tiene ahora un camino claro hacia la estabilidad política.
Probablemente veremos ingresos importantes de IED, lo que permitirá acelerar el crecimiento con el tiempo. Argentina podría incluso convertirse en un modelo para el tipo de reformas económicas orientadas al mercado y medidas de austeridad fiscal que se necesitan en otras economías latinoamericanas, como Chile, Brasil y Colombia, donde se celebrarán elecciones en los próximos años.

Autor
Nouriel Roubini
Profesor emérito de la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York. Es el autor, más recientemente, de MegaThreats: Ten Dangerous Trends That Imperil Our Future, y How to Survive Them (Little, Brown and Company, 2022).
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