Mercados Emergentes
Texto y Fotografía: Project Syndicate
Imagen Portada: Pete Linforth, en Pixabay.
Este artículo ha sido escrito por, Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional, y Mohammed Al-Jadaan, ministro de Finanzas de Arabia Saudita.
ALULA, ARABIA SAUDITA – Antes, cuando las economías avanzadas estornudaban, los mercados emergentes se pescaban un resfrío. Eso ya no es así. Tras las recientes crisis globales, como el aumento de la inflación tras la pandemia y la nueva ola de aranceles, los mercados emergentes se han mantenido bien. La inflación ha seguido desacelerando, las monedas han conservado en general su valor y los costos de emisión de deuda se han mantenido en niveles manejables. No ha habido señales del tipo de turbulencias financieras que acompañaron a las crisis económicas del pasado.
De hecho, los mercados emergentes han ampliado su papel como motor clave del crecimiento global, y su participación en la economía mundial se ha más que duplicado desde 2000. Solo los diez mercados emergentes del G20 ahora representan más de la mitad del crecimiento global.
Si bien las condiciones externas favorables han contribuido a la impresionante resiliencia de los mercados emergentes, también lo han hecho las políticas e instituciones que la sustentan. Los bancos centrales han ganado en independencia, con metas de inflación más claras y una menor dependencia de las intervenciones cambiarias para absorber las crisis. Además, cada vez más mercados emergentes están utilizando reglas fiscales para imponer disciplina presupuestaria.
En Brasil, por ejemplo, las reformas monetarias dieron sus frutos en la lucha del país contra la inflación. Guiado por un marco de metas de inflación establecido en 1999, Brasil fue uno de los primeros países en subir las tasas de interés cuando los precios se dispararon durante la pandemia. Desde entonces, ha perfeccionado su marco y ahora se espera que alcance su meta del 3% el próximo año.
Del mismo modo, Nigeria ha implementado reformas firmes para mejorar su marco de precios de la energía y eliminar gradualmente la financiación de los déficits presupuestarios por parte del banco central. Y Egipto está impulsando planes para ampliar su base impositiva, entre otras cosas subiendo el impuesto al valor agregado, eliminando las lagunas jurídicas y digitalizando la administración tributaria.
Pero, si bien los mercados emergentes han logrado grandes avances en la mejora de sus marcos normativos y el aumento de su credibilidad, no es momento para la complacencia. Sus buenos resultados recientes también reflejan circunstancias favorables, como los recortes de las tasas de interés, las condiciones financieras acomodaticias y los precios sólidos de las materias primas.
Asimismo, la resiliencia de los mercados emergentes aún no se ha traducido en un crecimiento más rápido. Casi seis años después del brote del COVID-19, el PIB de los mercados emergentes y de las economías en desarrollo sigue una trayectoria de crecimiento más lenta que antes de la pandemia –una tendencia que ha retrasado el objetivo de cerrar la brecha de ingresos con las economías avanzadas-. Al mismo tiempo, los cambios profundos en la geopolítica, el comercio, la tecnología y la demografía podrían dificultar aún más que los mercados emergentes alcancen a los avanzados.
En un mundo que probablemente seguirá siendo turbulento durante algún tiempo, los mercados emergentes deben seguir adelante con reformas específicas. Cada país debe encontrar un equilibrio entre las políticas de fomento del crecimiento y el mantenimiento de la resiliencia económica (mediante reservas y otros instrumentos que ofrezcan protección en épocas de recesión).
Para crear las condiciones necesarias para un nuevo auge del crecimiento con abundantes puestos de trabajo, es necesario fortalecer el entorno empresarial con el fin de movilizar a los inversores nacionales y atraer capital extranjero. El fortalecimiento de las instituciones y de la gobernanza dará lugar a mercados financieros más profundos en los que podrán crecer las empresas más dinámicas y prometedoras. Los responsables políticos también deben posicionar sus economías para aprovechar las posibles ganancias de productividad que ofrece la IA. Arabia Saudita, India y otros miembros del Consejo de Cooperación del Golfo, por ejemplo, han presentado inversiones impresionantes en infraestructura que sentarán las bases para la adopción de la IA en las próximas décadas. Siempre que sea posible, otros mercados emergentes deberían seguir su ejemplo.
Algunos mercados fronterizos también cuentan con la ventaja que les brinda una población en edad laboral joven y en rápido crecimiento, ávida de oportunidades. Este activo demográfico puede generar enormes dividendos, pero solo si los países realizan inversiones sustanciales en educación y formación para preparar a su mano de obra para los desafíos por delante.
Aunque las tensiones en las antiguas alianzas han introducido una incertidumbre adicional, el panorama geopolítico y comercial cambiante ofrece oportunidades para nuevas formas de integración y cooperación. Los mercados emergentes ya están desempeñando un papel protagónico en este cambio. Desde el sudeste asiático hasta África y América Latina, las agrupaciones regionales están forjando nuevas conexiones comerciales y profundizando los lazos económicos y financieros de sus miembros.
A medida que ha aumentado el peso económico de los mercados emergentes, también lo ha hecho su influencia en los debates globales. Cada vez más, estas economías se reúnen para debatir cómo pueden aprovechar su creciente tamaño y sacar partido de su resiliencia, ganada con tanto esfuerzo.
Su creciente protagonismo es uno de los temas principales de la Conferencia de AlUla de Economías de Mercados Emergentes, que se celebra esta semana en AlUla, Arabia Saudita. Organizado conjuntamente por Arabia Saudita y el Fondo Monetario Internacional, este evento anual reúne a responsables de políticas, líderes empresariales y pensadores económicos para trazar el rumbo de estas economías. Los líderes de los mercados emergentes trazarán planes para prosperar en un mundo de alianzas cambiantes, haciendo hincapié en la apertura y la colaboración continuas. Su objetivo común es hacer frente a la volatilidad global con políticas económicas sólidas que refuerzan la resiliencia y ayuden a sus ciudadanos a alcanzar una mayor prosperidad y seguridad.
Articulistas

Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional.

Mohammed Al-Jadaan, ministro de Finanzas de Arabia Saudita.
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