Orígenes.

trofeoLa historia de la Copa del Rey Audi Mapfre es la crónica de la mejor vela de alta competición en España y el Mediterráneo. La regata puntera del Continente cumple este año su trigésima edición, un aniversario que avala a un evento deportivo que desde su nacimiento estuvo marcado por la vocación de superarse día a día y alcanzar la excelencia, que a día de hoy nadie le discute. Desde la humildad a la excelencia en tres décadas de constante evolución y crecimiento.

Sus orígenes se remontan al año 1982, cuando la Asociación Nacional de Cruceros organizó la primera edición de la Copa, que organizada y albergada por el Real Club Náutico de Palma, se abría a todas las clases en tiempo compensado. El más de medio centenar de participantes de aquella cita acudían también atraídos por el Campeonato Internacional del Mediterráneo, marco en el que se celebraron las dos primeras ediciones de la Copa.
El italiano “Nat” tiene el privilegio de ser el primer vencedor de la regata más importante de España. Su relevancia fue tal que al año siguiente aparecieron en la bahía de Palma los espectaculares “maxis”, un 1983 en el que el triunfo fue para un barco balear, el “Barracuda” de Pepín González. El esplendor de la regata aumentaba al mismo tiempo que la propia flota española de alta competición.
Las regatas del 84 y el 85 asistieron al dominio del “Bribón”, y sentaron la tradición todavía vigente de que el Rey Don Juan Carlos navegue en “su” regata. El barco armado por José Cusí ganó estos dos años.
La cuarta edición de la Copa fue el inicio de la época de Puig como principal patrocinador, un matrimonio que duró más de veinte años y valió para apellidar “Agua Brava” al evento, ya uno de los más importantes del Mediterráneo.

1986-1990: hacia el centenar de participantes.

Para compensar las desigualdades de una flota compuesta por unidades como un maxi de 80 pies o un crucero de 30, la organización ya introdujo en el 85 una clasificación por divisiones.
Consolidada la cifra del medio centenar de unidades año tras año, el RCNP y el comité organizador se plantearon el reto de llegar y superar los cien barcos en el agua. Eran años en que los One Ton y Ton concentraban el grueso de la flota española, en una competición en la que el gran foco de atención eran los espectaculares maxis, extranjebanderasros en un alto porcentaje.
En la edición del 87, la Copa del Rey fue puntuable para el circuito mundial de esta clase, y al año siguiente se alcanzaron los 106 participantes, de los cuales una tercera parte eran unidades de nueva construcción, en un momento en que las flotas estaban en plena transición hacia un sistema entonces poco conocido como era el IMS, que se estrenó en Palma en 1989, ante la decadencia del IOR.

La competición estaba claramente definida entre las divisiones Crucero y Regata, y ganaba prestigio al ser incluida dentro de circuitos mundiales o continentales, como el Europeo de Two Tonners del 90. Entre los vencedores de esta etapa, el “Lone”, diseñado por Bruce Farr, o el “Container” de Udo Schütz.

 

1991-1995: el auge de la flota española.

Cambiaban las tornas, y la tradicional hegemonía de las unidades extranjeras en la Copa del Rey fue dando paso a una nueva hornada de armadores, patrones y tripulantes españoles que comenzaron a copar el podio de la regata en este lustro.
Nombres como Josele y Noluco Doreste, José Luis Suevos, Pedro Campos o Jaime Yllera registraron sus triunfos en este lustro, abriendo el camino a los regatistas nacionales que vendrían más adelante.
No quiso faltar el “Bribón” de Cusí, que se llevó la victoria en dos ediciones (93 y 94). En 1992 y 1994 se volvió a superar la barrera de los cien participantes, aunque la flota vivía inmersa en la transición del IOR al IMS y las consiguientes adaptaciones dentregae los barcos de un sistema a otro.
Ni la crisis económica de 1993 ni la paulatina desaparición de las unidades IOR afectaron a una Copa del Rey que daba signos inequívocos de tener vida propia y aspirar al cetro de primera regata del Mediterráneo.
Como curiosidad, en 1995 participó la clase ILC, unos IMS especialmente pensados para competir entre ellos en tiempo real, precursores de los monotipos o box rule de la actualidad.

1996-2000: consolidación internacional.

Fue la decimosexta edición, la de 1998: 127 participantes y la Copa del Rey considerada como la mejor regata del mundo. En apenas quince años, la regata del Real Club Náutico de Palma llegaba a lo más alto a que se podía aspirar en el plano de la náutica de competición. Pero no fue un éxito gratuito.
El perfeccionamiento del sistema IMS fue lento y complejo, y la Copa se convirtió en un banco de pruebas para ajustar los ratings y hacer que la navegación entre barcos desiguales fuera más justa.
De hecho, en 1998 se intentó agrupar a todos los barcos dentro de una misma clasificación conjunta (que ganó el “Estrella Damm” de Ignacio Montes), y se visualizó el fracaso de este modelo, lo que asentó definitivamente el sistema de IMS Regata y Crucero, divididos según esloras, con precisas mediciones cenade viento y mayores posibilidades a los barcos más pequeños.
Este orden cuasi perfecto en el agua se completaba con una organización en tierra sencillamente impecable, lo que unido a la implantación social del evento y su importancia deportiva lo convertían en el referente náutico del Mediterráneo: la participación ya no bajaba de las cien unidades.
El podio en este lustro volvió a hablar español. Junto a los proyectos ganadores de armadores consolidados como Cusí (“Bribón”, 2000) o Suevos (“Nationale Nederlanden”, 1997) surgen otros como el “Cutty Sark” de Pelayo de la Mata, que gana la Copa del Rey en 96 y el 97, el “Zurich” de Manuel Chirivella (1999) o el “Fadesa” (2000) de José Manuel Cardesín.

2001-2008: del “Caixa Galicia” a los todopoderosos TP 52.

Ocho largos años que volvieron a vivir una transición en los sistemas de medición y clasificación de las flotas. Si en los primeros años el IMS evolucionó hasta ramificarse en las clases 500, 600 y 670, en las últimas ediciones el tiempo compensado comienza a batirse en retirada ante el mayor atractivo de las clases monotipo y los box-rule, donde TP-52 y GP-42 son los grandes referentes.
En el arranque de la década, el dominio fue del “Caixa Galicia” de Vicente Tirado, que logró un hito hasta ahora no repetido: ganar la Copa del Rey tres años consecutivos, del 2003 al 2005.
Aquel 2003 vivió también un hecho deportivamente notable, como fue la participación de numerosos regatistas de la Copa América a bordo de proyectos nacionales e internacionales, lo que aumentó considerablemente el prestigio de la Copa del Rey: losreal mejores del mundo no querían faltar a la cita de Palma.
Otros triunfos notables fueron el del “CAM” del Príncipe de Asturias en 2005, el último gran año del IMS 500, o las dos Copas del “Quum” en 670 en 2004 y 2005. Este último año supuso el estreno de la incipiente clase TP-52, hoy una fija en los pantalanes del RCNP, que llevó a la bahía la competición en tiempo real.
En 2006, último año de Agua Brava como patrocinador, y como preludio a lo que sería el GP-42, los IMS 600 se reconvirtieron en una Level Class que también abandonaba el tiempo compensado, y que ganó el “Valle Romano” de Peter de Ridder.
En 2007, la Copa del Rey recibe la entrada de Audi como patrocinador del evento, conjuntamente con la firma balear Camper.
Año de transición, la organización de la regata acomete una profunda renovación no ya de la clases, sino de la propia filosofía de la regata. Ahora que todos querían navegar en Palma, había que dar el salto de calidad. El resultado se evidenció en 2008, edición en la que Audi y Mapfre se asientan como patrocinadores de la regata, con hasta cuatro clases compitiendo en tiempo real, entre ellas los prestigiosos Swan 45, que han elegido la Copa del Rey como prueba de su circuito. Además, se puso la primera piedra para la reordenación de las clases en tiempo compensado, con la potenciación de dos divisiones en IRC, llamadas a absorber los IMS 570 y 670 en años futuros.
Ello, sumado a la ampliación de las instalaciones de tierra y la mejora de los recursos humanos en el agua, da como resultado una competición que sigue creciendo y mejorándose día a día.
En los últimos años se produjeron hitos destacados como el doble triunfo en 2008 de “El Desafío” en TP 52 y GP 42, la primera vez que un equipo lograba una victoria un mismo año en dos clases distintas; o la lograda esa misma edición por el “Aifos” de Jaime Rodríguez Toubes en IRC 1, la primera Copa ganada por un barco de la Armada Española.

2009-2011: la transición hacia el futuro.

Con Audi y Mapfre como patrocinadores consolidados de la regata, en 2009 la Copa del Rey sienta las bases para remodelar su estructura de competición. El primer paso fue implantar los sistemas IRC y RI para ir homogeneizando la flota que navega enautoridades tiempo compensado, manteniendo la apuesta por el tiempo real con los monotipos Swan 45, X-35 y X-41, y los box-rule TP-52.
Fue además el último año como clase independiente de los ORC 670, una de las divisiones que más número de participantes atrajo en las ediciones inmediatamente anteriores. Entre los grandes nombres de este año, el triunfo del espectacular “Alfa Romeo” de Neville Crichton, el estreno en las mieles del éxito del armador malagueño Javier Banderas con su “Karhu” o el hito de Luis Mas, que consiguió su tercer entorchado consecutivo en las aguas de Palma con su “Garmin”.
De los siete ganadores de 2009 se pasó a los cinco de 2010. La crisis que azotaba a la flota, sin embargo, no se hizo notar en exceso en la última edición de la Copa del Rey Audi Mapfre, ya que se volvió a rozar la cifra del centenar de participantes, una barrera psicológica de la que pueden presumir muy pocas regatas en mitad de la actual situación económica.