La debilidad del dólar fuerte de Trump

Texto: Benjamin J. Cohen
Project Syndicate

SANTA BARBARA – Tras haber aumentado más del 8% su valor desde el comienzo del año, el dólar estadounidense se está acercando a picos nunca vistos en más de diez años, y los indicadores del mercado apuntan a una apreciación aún mayor en los próximos meses.

A primera vista, esto parecería reivindicar al presidente norteamericano, Donald Trump, quien llegó al poder con la promesa de “Hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande”. Uno podría pensar que un dólar más fuerte implica que sus políticas económicas pro-crecimiento están funcionando. Sin embargo, una mirada más detenida revela que las cuestiones son más complicadas; en verdad, Trump podría precipitar una gran caída del dólar.

Por empezar, no es para nada evidente que Trump pueda atribuirse la apreciación del dólar. Pero aún si pudiera hacerlo, un dólar fuerte no es necesariamente bueno para sus objetivos en materia de políticas; tampoco el tipo de cambio es una medida precisa de la verdadera fortaleza de la moneda.

Donald Trump John Kelly

President Donald Trump accompanied by Homeland Security Secretary John Kelly right speaks during a meeting on cyber security in the Roosevelt Room of the White House in Washington Tuesday Jan 31 2017 AP Photo Evan Vucci

A la administración Trump le gustaría que creyéramos que el ascenso del dólar refleja un crecimiento económico más rápido, impulsado por la agenda de desregulación del presidente, los enormes recortes impositivos y el gasto en defensa ampliado sustancialmente. Después de años de mal manejo, nos dicen, el gobierno ahora ha logrado restablecer la confianza empresarial; Estados Unidos finalmente está a la altura de sus posibilidades.

Pero la mayoría de los economistas entendidos atribuirían la apreciación del dólar a las crecientes tasas de interés. En un esfuerzo por contener la inflación, la Reserva Federal de Estados Unidos ya ha aumentado la tasa de sus fondos federales dos veces este año, y señaló otros dos incrementos antes de que termine 2018. Cuando las tasas de interés de Estados Unidos aumentan, ingresa más capital de inversión, lo que impulsa la demanda de dólares. Y ahora mismo, está entrando en Estados Unidos dinero de todos los rincones del planeta.

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La situación hoy no es diferente de la de los antecesores republicanos de Trump. Los ex presidentes Ronald Reagan y George W. Bush también recortaron marcadamente los impuestos, lo que resultó en déficits presupuestarios que llevaron a la Fed a aumentar las tasas de interés. En cada caso, el dólar se apreció drásticamente (hasta en un 60% en el gobierno de Reagan entre 1981 y 1985). Hoy, la Fed vuelve a actuar de manera independiente para evitar el efecto inflacionario de la expansión fiscal. En consecuencia, si alguien fuera a atribuirse los méritos por la apreciación del dólar es la Fed.

Sin embargo, uno puede imaginar a Trump diciendo que las monedas más débiles son para los “perdedores. Y puede jactarse de la disparada del dólar en su confrontación actual con el presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, ahora que la moneda de su país ha caído casi el 60% desde el inicio del año. Pero si bien un tipo de cambio fuerte del dólar podría apelar al ego de Trump, no necesariamente le sirve para su agenda más amplia.

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Después de todo, un dólar que se fortalece aumenta el precio de las exportaciones en el exterior y reduce el costo doméstico de las importaciones, desalentando así las primeras y alentando las segundas. Esto está directamente en contra del objetivo manifiesto de Trump de reducir el déficit comercial de Estados Unidos.

La obsesión de Trump con el déficit comercial lo ha llevado a imponer aranceles a las importaciones de aluminio, acero y una amplia gama de productos de China. Pero, irónicamente, las importaciones más caras también ejercerían una presión alcista sobre la tasa de inflación doméstica, que podría obligar a la Fed a aumentar las tasas de interés aún más rápido de lo planeado. Eso, a su vez, produciría una apreciación aún mayor del dólar y hasta mayores déficits comerciales, como sucedió en los gobiernos de Reagan y Bush.

Finalmente, debemos recordar que los movimientos de corto plazo en los mercados de tipo de cambio no sirven para juzgar la fortaleza subyacente de una moneda. Las tendencias a más largo plazo sobre cómo se utiliza una moneda internacionalmente –en particular como reserva de valor para los inversores extranjeros o los bancos centrales- son mucho más reveladoras.

Durante décadas, ninguna moneda ha sido utilizada de manera más generalizada que el dólar. Debido a su predominio, Estados Unidos ha gozado durante mucho tiempo de lo que el ex presidente francés Valéry Giscard d’Estaing alguna vez describió como un “privilegio exorbitante”. En tanto y en cuanto los extranjeros estén ávidos de dólares, Estados Unidos puede gastar lo que sea necesario para proyectar poder en todo el mundo. Para pagar todo esto, no tendrá más que encender la máquina de imprimir billetes.

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Pero las políticas beligerantes de Trump están poniendo esta posición privilegiada en riesgo. Su promesa proteccionista de poner a “Estados Unidos primero” huele a nacionalismo xenófobo, y su uso intimidatorio de los aranceles está alejando a amigos y enemigos por igual. Cuanto más tiempo mantenga estas políticas, es más probable que los mercados busquen gradualmente alternativas para el dólar. Llegado el caso, el dólar lentamente se desangrará, y el privilegio exorbitante y la influencia global de Estados Unidos se evaporarían.

Sin ir más lejos, China ya ha convencido a Rusia de aceptar el “renminbi” como pago por gas natural, cuando alguna vez sólo hacía estas compras en dólares. Y, más recientemente, China ha comenzado a allanar el camino para compras de crudo importado en renminbi. Por ejemplo, a comienzos de este año, lanzó un nuevo mercado de futuros de petróleo en Shanghái, lo que parece destinado a establecer un precio de referencia denominado en renminbi junto con el crudo Brent y el West Texas Intermediate. Si resulta exitoso, el mercado de Shanghái podría generar un cambio de pagos también en el caso de otras materias primas negociadas –todo a expensas del dólar.

De la misma manera, varios países están buscando maneras de eludir las sanciones de la administración Trump a los productores de petróleo iraníes. India, por ejemplo, ya paga parte del petróleo iraní con materias primas en lugar de dólares. Y tanto Rusia como China han venido invirtiendo fuertemente en oro para reducir su dependencia de reservas denominadas en dólares. En conjunto, los dos países ya han comprado alrededor del 10% de todo el oro disponible en el mercado global.

De manera que, a pesar de la apreciación del dólar de hoy, un dólar debilitado puede ser una realidad en el largo plazo. Lejos de lograr que Estados Unidos vuelva a ser grande, Trump parece estar acelerando su colapso económico.

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Benjamin-J-CohenAUTOR,  Benjamin J. Cohen es profesor de Economía Política Internacional en la Universidad de California, Santa Barbara, y es el autor de Currency Power: Understanding Monetary Rivalry.